Diecisiete llamados al teléfono de Alejandro Darío Pérez parecen ser determinantes para la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, y para los abogados Dante Ibáñez, Dolores Leone Cervera y Benjamín Frías Alurralde, representantes de la familia del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz. Esas comunicaciones, dicen, demuestran que el crimen fue planificado.
Los letrados consideran que Ema Hortensia Gómez estuvo en contacto con Pérez desde el mediodía, tal como figura en los registros de las empresas telefónicas. Entre las 12.52 y las 18.28, la ex agente lo llamó en nueve oportunidades. Cinco de esas comunicaciones duraron menos de cinco segundos, pero para los acusadores la evidencia es clara.
Además, luego del crimen, desde los dos celulares del magistrado se llamó ocho veces al teléfono de Pérez. El ex oficial, durante el juicio, dijo que sólo sus conocidos tenían su número. ¿Quién usó esos celulares?
La hipótesis oficial dice que Ema Gómez llegó a la casa de avenida Aconquija 2.950, y llamó a Pérez usando esos teléfonos.
Según los informes de las empresas, el aparato de Pérez estuvo en la zona oeste de San Miguel de Tucumán durante toda la tarde. "El teléfono figura en esa zona, no Pérez. Además, Ema Gómez reconoció que el remisero tenía otra línea", dijo la representante de la acción civil, Leone Cervera.
Luego de asesinar al juez, según la versión de los acusadores, coordinaron la coartada. Gómez fue hasta la comisaría de Banda del Río Salí para simular que un llamado anónimo le alertaba de la muerte de Aráoz. Y Pérez retomó su trabajo de remisero.